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huella COVID-19 futuro que aguarda

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La huella de la COVID-19 y el futuro que nos aguarda

A las puertas de la llegada de las primeras vacunas contra la Covid-19, el mundo mira hacia el horizonte con cierta esperanza de volver a las costumbres anteriores a la pandemia, como reunirse sin contar las personas que hay en el grupo, no llevar mascarilla y volver a abrazar sin miedo. ¿Desaparecerá la distancia de seguridad que tanto cuesta mantener en las sociedades latinas? ¿Tendremos la posibilidad de estar en espacios cerrados codo con codo? ¿Dejaremos de mirar con desconfianza cuando alguien se acerque? Estas y otras son incógnitas que rondan en la mente de muchos y que ActaReportajes ha intentado despejar.

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Introducción

Los profesionales de la investigación no vislumbran mucha luz al final de este túnel que parece interminable. “Hacer predicciones es muy difícil, especialmente respecto al futuro”. Así responde, de manera irónica, el doctor Juan Gérvas, médico de cabecera jubilado, autor de varios libros sobre sanidad y colaborador habitual de Acta Sanitaria, a la pregunta sobre cuándo estima que podremos volver a la ansiada normalidad. No la nueva, sino la vieja, la de siempre.

Ante la misma pregunta, el director médico del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid, el doctor Julio Mayol, afirma que, “todavía, las vacunas disponibles en estudio no son científicamente sólidas ni robustas las conclusiones. Son estudios pendientes e incompletos. El conocimiento que tenemos también es incompleto y no podemos aseverar con un grado de certidumbre muy alto que esta es una solución que va a funcionar sin ningún tipo de dudas”.

Este especialista deja una puerta abierta a la esperanza cuando asegura que “la inmunidad de rebaño, probablemente, la podamos alcanzar en un tiempo razonable y sin gran sufrimiento, si tenemos una vacuna”. En cualquier caso, considera que “aunque consigamos inmunidad de rebaño, que todavía es difícil de prever, con seguridad incluso si tuviéramos una vacuna, el virus no va a desaparecer”.

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Son ya 10 meses los que han pasado desde que la Covid-19 llegó a nuestras vidas y, según Juan Gérvas, para quedarse, si bien no como hasta ahora. “En 2022, me imagino que el SARS-CoV-2 será como la gripe, llegará la temporada de coronavirus y se llenarán los hospitales, igual que pasa con la gripe. Es decir, un virus más”, describe.

A estas afirmaciones se suma, de alguna manera, la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), la doctora Elena Vanessa Martínez, que destaca que “lo más plausible, con el conocimiento actual, es que este virus pase a formar parte del grupo de virus respiratorios estacionales que circulan todos los años”.

La que fuera presidenta de la Sociedad Española de Inmunología y directora del Centro de Investigaciones Biomédicas (CINBIO), la doctora África González, prefiere hablar de “inmunidad colectiva o comunitaria”, ya que cree que “no es ético permitir conseguir la inmunidad colectiva solamente con la infección, con un virus que produce tanta mortalidad y secuelas como el SARS-CoV-2”.

La solución a largo plazo es la convivencia”, ya que “esta enfermedad no tiene las papeletas para ser erradicada, como la viruela”, lamenta, por su parte, el catedrático de Inmunología y vicerrector de la Universidad de Valladolid, el doctor Alfredo Corell. Entre los motivos en los que basa estas afirmaciones, destaca dos: las personas infectadas que no tienen síntomas y la variedad de animales que pueden ser portadores del virus. Por lo tanto, “la única manera de convivir con SARS-CoV-2 es estar inmunizado”, remarca.

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Experiencia de otras pandemias

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Las estimaciones de la inmunidad de rebaño mínima se sitúan entre el 65 y el 70 por ciento, un porcentaje que se logrará sumando las personas que han generado inmunidad de forma natural y las que están vacunadas. Aunque, “no sabemos lo duraderas que serán las dos, la natural y las de las vacunas”, precisa Corell.

Juan Gérvas se muestra optimista al recalcar que “la experiencia de pandemias anteriores nos muestra que la humanidad se recupera”. “Somos animales con una resiliencia y una capacidad de superación increíble”, añade. Actualmente, con 72 años, confiesa que espera poder asistir a la vuelta a la normalidad, aunque reconoce que no se atreve a decir “si las Navidades de 2021 serán las celebraciones gloriosas de siempre”.

Igual de cauta se presenta Elena Vanessa Martínez, al declarar que “caer en la tentación de poner fechas para la vuelta a la normalidad puede ser, no solo aventurero, sino incluso peligroso. El seguimiento de la evolución de la enfermedad es la que nos debe guiar y nos indicará el momento y la forma de volver a la normalidad”.

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Alcanzar la inmunidad

A largo plazo, África González afirma que “claramente, en una pandemia como esta, la vacuna es la mejor solución, por varios motivos: permitirá parar la pandemia de forma más rápida, es una solución mucho más económica que otras medidas (terapias), va a permitir llegar a una cobertura mayor de la población en poco tiempo y evitará muertes y secuelas que la enfermedad produce”.

Refuerza esta posición la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Matilde Cañelles, que asegura que “con los datos que tenemos en estos momentos, el intentar alcanzar la inmunidad de rebaño sin una vacuna supondría demasiadas muertes”.

Para dicha científica, “las vacunas son, precisamente, medios acelerados de alcanzar la inmunidad de rebaño sin sufrir los daños relacionados con la transmisión comunitaria de la enfermedad en forma de muertes y secuelas”. Por tanto, añade que “las vacunas parecen ser la única opción que tenemos de acabar con la pandemia, al crear un escudo contra la transmisión de la enfermedad y prevenir los casos graves potencialmente mortales”.
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Para Martínez, la vacuna “supondrá un gran avance”, si bien aclara que “su impacto no será inmediato”. Por este motivo, aboga por continuar con las estrategias de Salud Pública de prevención y control, pues dejarlas de lado implicaría “llegar a una inmunidad de rebaño de forma natural”, dejando por el camino “una cantidad de casos graves que no serían asumibles” por el sistema sanitario, no solo de la Covid-19, sino “de otras patologías que no podrían ser atendidas”.

Sobre este mismo asunto, Gérvas considera que, al tratarse de un virus respiratorio, el foco debería estar puesto en la experiencia acumulada sobre otros, como “el de la gripe, el rinovirus o el virus sincitial”. “Hasta ahora, o no tenemos vacunas o las vacunas que tenemos para estos virus no son muy eficaces y, además, no tenemos inmunidad de rebaño”, recuerda.
“Una vacuna radical, del estilo de la del tétanos, la polio o el sarampión, sería lo ideal. Pero este no parece el horizonte. Las vacunas contra la Covid-19 que se están desarrollando lo máximo a lo que aspiran es a disminuir síntomas leves, no complicaciones ni muertes”, argumenta el doctor.

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Fármacos vs vacunas

La comunidad científica se planteó, como solución en un primer momento, antes de la carrera por las vacunas contra este nuevo coronavirus de origen asiático, el uso de fármacos para frenar la progresión de la enfermedad.

Tanto África González como Matilde Cañelles indican que, aunque al principio parecía que la solución iban a darla los fármacos, se fue comprobando que estos no eran realmente efectivos. Así, la primera de ellas concreta que “en terapia, los antivirales conocidos no están siendo muy efectivos, y se está trabajando en nuevos tratamientos, pero, por ahora, desde el punto de vista de la terapia, estamos muy limitados”.

Según asevera Julio Mayol, “no estamos, probablemente, al mismo nivel de desarrollo de fármacos que lo estamos en vacunas ahora mismo. Lo ideal sería combinar la vacuna con un fármaco efectivo para el tratamiento y la eliminación del virus. No para tratar la enfermedad, que también, sino la infección por el virus”.

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En una aproximación a un tratamiento para la Covid-19, la expresidenta de la SEI explica que “otras opciones de tratamientos preventivos en las que se está trabajando, como podría ser el uso de anticuerpos monoclonales que neutralizan el virus, solo podrían usarse para determinadas poblaciones de riesgo (cuidadores, ancianos), y el problema es su alto coste”.

“La vacunación y el tratamiento son muy útiles, pero yo daría prioridad a la prevención, es decir, a la vacunación; siempre es mejor prevenir una enfermedad que tener que curarla, sobre todo, porque no sabemos si las secuelas de esta enfermedad van a ser muy duraderas y graves”, alega el catedrático de Inmunología y vicerrector de la Universidad de Valladolid.

Según Gérvas, la mortalidad de la Covid-19 “en la población general es muy pequeña, es 0,2 o 0,3 por ciento de los que se infectan”, por lo que, en este caso, “la lógica llevaría al desarrollo de tratamientos, más que de una vacuna, porque se tendría que vacunar a una inmensa cantidad de personas para evitar una sola muerte, en el supuesto de que la vacuna evite muertes”, razona.

Así, “con un tratamiento adecuado, se trata a la persona que se complica y a las demás les dejas que pasen su catarro sin mayor importancia”, explica, tras lo que trae a colación el caso del sida, una enfermedad en la que “la combinación de antivirales ha logrado lo que no ha logrado una vacuna. No tenemos vacuna contra el VIH después de 20 años y, sin embargo, hemos resuelto la enfermedad, en cierta manera, con antivirales”, destaca Gérvas.

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Recuperar la normalidad

Con esta información científica sobre la mesa, parece algo más visible un futuro en el que se puedan recuperar las costumbres de antes de la pandemia o, al menos, rescatar algo de aquella normalidad, donde era habitual salir a tomar algo e ir a eventos deportivos al aire libre sin temor a los aerosoles que intimidan por su grado elevado de transmisión del virus.

Entonces, ¿pasaremos de llevar mascarilla y utilizar gel hidroalcohólico a una vacuna anual? ¿Será este el pasaporte de regreso a la vida cotidiana antes de esta crisis sanitaria? Evidentemente, puede que estas opciones se planteen, pero los científicos insisten en la cautela.

Gérvas está convencido de que recuperaremos lo que ya nos parecen ‘viejas costumbres’, desde juntarnos en fiestas hasta dar dos besos a cada miembro de la familia. Y, por supuesto, olvidarnos de la mascarilla. “El ser humano se ríe, es muy alegre, no podemos dejar de vernos la cara, de vernos la sonrisa. Es parte de la humanidad, somos gregarios, nos tocamos, convivimos, nos abrazamos, nos besamos…”, comenta.

Sin embargo, Cañelles reclama a la población “ser pacientes”, ya que manifiesta que “a pesar de haber ya dos vacunas que comenzarán a ser administradas a principios de 2021, no se sabe aún la progresión que llevará la enfermedad. Las previsiones más optimistas sí predicen que en verano de 2021, podríamos alcanzar una cierta normalidad, pero quedan incógnitas y hay cosas que pueden ir mal”.

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Pese a la incertidumbre que aún existe sobre la efectividad de las vacunas, la investigadora del CSIC sí cree que “volveremos a la normalidad, aunque ahora nos parezca imposible. La ventaja de las vacunas que van más avanzadas, como la de Pfizer y la de Moderna, es que son muy rápidas de producir y modificar”.

Por tanto, Cañelles va despejando incógnitas cuando detalla que “en caso de que estas funcionen y eviten las infecciones graves, pero no las leves (lo de si evitarán las leves es aún una incógnita), incluso si muta el virus se podrá producir una nueva vacuna introduciendo esta mutación con rapidez. Lo que sí es posible es que tengamos que vacunarnos cada año o cada dos años, pero eso ya ocurre con la vacuna de la gripe y no es un gran problema para nuestro estilo de vida”.

En su hipótesis futura, el director médico del Hospital Clínico Universitario San Carlos destaca que “es imposible predecir con un conocimiento tan impreciso y poco exacto como el que tenemos ahora mismo. Muy probablemente no será durante el 2021 cuando volvamos a la normalidad. Es poco probable que lo hagamos a una situación similar a la de antes de la pandemia. Pero que volvamos a eso que llamamos normalidad, esto previsiblemente no será en el próximo año”.

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Un virus como el de la gripe

Para muchos de los más de un millón de contagiados por la Covid-19, los siguientes pasos en su vida pasan por conocer más detalles de esta nueva patología y las secuelas que arrastrarán. La investigadora del CSIC considera que “las secuelas de esta enfermedad dejarán una larga huella en muchas personas que la han padecido”.

Por este motivo, la científica asegura que habrá que “aprender a comprender estas secuelas y a paliarlas”. “Yo creo que volveremos a una cierta normalidad, pero no nos olvidaremos de la pandemia, al menos, hasta finales del 2022. Y, con suerte, se creará un programa de previsión de pandemias que nos permita estar preparados para que un evento futuro no nos pille tan de sorpresa como lo ha hecho este”, augura.

De la misma opinión es González, que ve, con respecto al virus, que “es posible que convivamos con él, como lo hacemos con otros coronavirus que producen catarros comunes. Con la inmunidad que se consiga con la cobertura vacunal, se debería esperar el poder hacer una vida más o menos normal en un plazo razonable, pero no de forma inmediata”.
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Respecto a SARS-CoV-2, dicha investigadora apunta que se trata de “un virus que no parece que la temperatura le afecte mucho, no es como el virus de la gripe, que es claramente de la estación de invierno. Este ha afectado en hemisferio norte y sur en épocas cálidas y frías”.

“Es probable que no vayamos a abandonar ciertas costumbres que hemos tenido porque con esta no se acaba el riesgo de pandemias. Las posibilidades de nuevas pandemias, incluso con esta presente, siguen existiendo”, determina Mayol en su visión a corto plazo.

Los datos facilitados por el doctor Corell señalan que el SARS-CoV- 2 es un virus con un código de 30.000 dígitos, y aunque están registradas, hasta la fecha, más de 1.000 secuencias diferentes, parece que ninguna ha alterado sensiblemente el funcionamiento del virus.

“No parece que vaya a ser un virus como el de la gripe, en el que se intercambian fragmentos y hay cambios, prácticamente, cada año. Así que, en este sentido, es algo más esperanzador, que con este nuevo virus no va a haber muchos cambios, pero sí se debe estar vigilante por si hubiera que cambiar la pauta en la población”, un mensaje de el catedrático de Valladolid que trae algo de aire fresco a la actualidad científica.

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Transformación social

“Necesitamos una transformación como sociedad que es difícil prever porque falta liderazgo político para llevarlo adelante. No es un problema del sistema sanitario, es un problema de la organización social, especialmente en países de Europa Occidental, Estados Unidos y Latinoamérica”, indica dicho facultativo.

“Es previsible que, de cara al verano próximo, del 2021, podamos empezar a recuperar cuestiones que habíamos abandonado en la vida normal”, según la previsión de Corell, que sostiene que “habrá que cambiar algunos parámetros de higiene y de prevención”. Como ejemplo, analiza que se miró “con estupor” a la población asiática por el uso de mascarillas en la calle en situaciones cotidianas y, ahora, “nosotros lo tendremos que incorporar a nuestra vida cotidiana cuando tengamos un problema respiratorio o tengamos fiebre”.

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La presidenta de la SEE añade que, vuelvan o no los hábitos de los que nos ha privado la pandemia, “hemos aprendido algunas cosas importantes sobre medidas de protección frente a este tipo de enfermedades infecciosas que, probablemente, quedarán incorporadas, y eso será bueno para la salud de la población”.

Por eso, Martínez indica que “no sería descartable y, de hecho, podría ser recomendable, que se volviera una costumbre usar la mascarilla cuando tenemos algún tipo de enfermedad respiratoria, como ocurre ya en otros países”.

Por su parte, Gérvas asevera que “la solidaridad, el juntarnos, eso nos define. No lo podemos perder porque perderíamos la esencia del ser humano. Si están aumentando los suicidios con las medidas anti Covid-19, imagínese lo que sería si realmente la humanidad deja de tener esa convivencia, ese compartir. No valdría la pena la vida”, unas declaraciones con las que abre un tema polémico que provoca inquietud entre la población y los profesionales: el impacto de esta pandemia sobre la Salud Mental, la “gran olvidada” de esta emergencia sanitaria, en palabras de la presidenta de la SEE.

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Infancia interrumpida

Gérvas confirma un aumento de los suicidios y graves efectos sobre la Salud Mental, así como en lo que se refiere a la violencia contra la mujer. “Suecia no ha encerrado a la gente, los niños no han dejado de tener colegio, no van con mascarilla por la calle, etc. Y, con todo eso, ha tenido un exceso de mortalidad mucho menor que España”, asegura.

Bajo su punto de vista, las medidas adoptadas en España son desproporcionadas y causan un “impacto brutal”, que se irá evidenciando cada vez más con el paso del tiempo, en los niños. “Es una generación que ha dejado de ir al colegio, a los parques, y que, en el caso de los más pobres, no han accedido a la educación online y se han visto recluidos en habitaciones. El efecto será enorme”, agrega.

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Una pandemia de clases

Al hilo de lo anterior, y haciendo uso de su ojo crítico, el promotor y coordinador del Equipo CESCA recalca, rotundamente, que “la respuesta a la pandemia en España está siendo burguesa”. Conceptos como el del confinamiento están pensados “para gente con calefacción, casa y cultura, como usted y como yo”, subraya.

“Pero esa no es la media de la población, ni especialmente de los que se mueren y más sufren. De manera que el impacto a largo plazo en estos ciudadanos puede ser brutal por las medidas tomadas frente a la pandemia, no por el virus en sí. España es un ejemplo de barbaridad en cuanto a las medidas adoptadas”, considera el doctor. “Va a haber mucha más desigualdad, los ricos serán más ricos y los pobres, más pobres. Eso disminuye la salud de una población. Lo que mata es la pobreza, la desigualdad”, lamenta.

Tal y como relata, esa “respuesta burguesa” a la que se refiere incluye “el desprecio del médico de cabecera, de la Atención Primaria”, pues “el típico burgués cree que el médico de cabecera sobra y que puede ir directamente al especialista”. Así, denuncia un “desmantelamiento” del primer nivel asistencial, es decir, “justo lo contrario de lo que habría que haber hecho”.

Una de las consecuencias que Gérvas observa a raíz del abandono de la Atención Primaria es “una mayor mortalidad”, debida a “la falta de atención de otras enfermedades, desde infartos de miocardio, septicemias, descompensación de diabetes, hasta peritonitis”.
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Sanidad a la americana

Al hacer referencia a todas las patologías que, a causa de la Covid-19, están quedando desatendidas, es inevitable pensar que, en algún momento, el Sistema Nacional de Salud (SNS) tendrá que asumir todas las complicaciones y comorbilidades derivadas de esta situación. En este sentido, Gérvas está seguro de que el resultado será una emigración de la clase media a la Sanidad Privada.

“El sistema sanitario público español, tras la pandemia, va a destinarse exclusivamente a los pobres. La clase media no está dispuesta a esperar en la puerta a que le atiendan mientras llueve y nieva, por eso está aumentando la contratación de pólizas privadas. Es decir, la pandemia va a hacer que España se parezca todavía más a Estados Unidos”, apunta el doctor.

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Conclusiones

Las opiniones de los especialistas apuntan a un mundo en el que la Covid-19 no desaparecerá, sino que se convertirá en un virus respiratorio más; en el que las medidas contra la pandemia incrementarán la desigualdad social y las vacunas serán el único desenlace.

Esta pandemia ha puesto en evidencia todas nuestras carencias y nos ha demostrado que no estábamos preparados para todo. Las vacunas aún generan muchas dudas, aunque los especialistas consultados pongan en ellas su confianza para la llegada de la tan ansiada normalidad, que muy probablemente no será igual que la que conocimos ni es seguro que llegue durante el 2021.

Pero caeríamos en un error si solo pensáramos en términos médicos. La Salud Mental, la desigualdad social y el impacto que las medidas van a causar en los niños son elementos que no debemos olvidar para que esta pandemia no deje a nadie atrás.

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Matilde Cañelles
investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas

Dr. Alfredo Corell
Catedrático de Inmunología y vicerrector de la Universidad de Valladolid

Juan Gérvas
Médico de familia

África González
Expresidenta de la Sociedad Española de Inmunología y directora del Centro de Investigaciones Biomédicas

Elena Vanessa Martínez
Presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología

Julio Mayol
Director médico del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid
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Redactores:
José Manuel Lozano
María Fernández Arconada
Eva Zarzalejo

Editor:
Patricio Jiménez

Fotografías:
Patricio Jiménez
Archivo fotográfico

Diseño:
Esperanza Nicolás
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